El COVID-19 está provocando un fuerte impacto en toda la actividad humana a nivel global. Y, ante este escenario, es inevitable el preguntarse, cuáles serán las repercusiones que esta situación puede provocar en la economía, en el mercado inmobiliario en las empresas y en la valoración de los activos.
La situación actual es imprevisible e insólita, y enormemente volátil y las dimensiones de su impacto dependerá del tiempo que dure esta situación.

Durante la crisis de 2008 el sector inmobiliario fue el más afectado. El estallido de la burbuja inmobiliaria marcó el inicio de esa gran crisis. Los datos así lo demostraron. El Instituto Nacional de Estadística español anunció una fuerte bajada de la compraventa de viviendas (un 27% en el primer trimestre de 2008) y de la contratación de hipotecas (un 25% en enero de 2008). Doce años después ha dado comienzo otra gran crisis, pero en este caso la raíz ha sido sanitaria. ¿Cómo saldrá el sector inmobiliario de esta nueva crisis?

En los últimos años hemos vivido un fuerte crecimiento de la inversión profesional en el sector inmobiliario español, si bien su ritmo empezaba a ralentizarse por la fuerte competencia y la subida progresiva de precios. El motor de la expansión era triple: la alta liquidez existente, la falta de alternativas de inversión atractivas y nuestro diferencial de crecimiento con respecto al resto de Europa.

El covid-19 ha dejado en el aire la firma de muchas operaciones inmobiliarias, ha paralizado el mercado de las oficinas y el retail y ha relajado el día a día de los fondos de inversión que estaban analizando nuevas compras en el país

El impacto del coronavirus dependerá de la duración de la cuarentena y de la limitación de movimiento de los compradores internacionales”. No obstante, se espera que el impacto en el segmento medio y alto del mercado inmobiliario sea de corto a medio plazo. Debido a la caída de los mercados financieros y al descenso sin precedentes de los tipos de interés, se prevé que el sector inmobiliario seguirá siendo uno de los activos más interesantes para los inversores

Aunque la actividad inmobiliaria ha disminuido alrededor de un 60%, no está completamente paralizada, todavía hay muchas herramientas con la que poder trabajar para seguir ofreciendo soluciones a los clientes.
Aprovechar el confinamiento para formarse y actualizar los portfolios, estrechar relaciones con los clientes, para reciclarse y apostar mucho más por la innovación tecnológica.

Cuando acabe el confinamiento, va a haber menos reuniones fuera de las oficinas, menos viajes y la actividad se centrará más en las conference call y videollamadas; esto permitirá tener más tiempo para el profesional inmobiliario para la tan demandada y necesaria conciliación familiar.

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